cualquiera hubiese huido
si yo vi al
insecto cayendo
muerto
yo misma
planté flores
sobre el féretro
yo con mis propias
manos besé
las heladas maderas
yo sentí el aleteo de
las pausas del
tiempo
sobre su cuerpo
que yacía
si yo habitaba
aquel bosque
que siempre se
andaba quemando
yo, que le imploraba
piedad a las palabras
cómo es posible
que aquí me acusen
de fiebre
cómo se les ha
ocurrido asomarse
por la ventana
de la transparencia
y desafiar las
metamórficas
ausencias encarnadas
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