lunes, 30 de agosto de 2010

Desmemoria

A mi me hicieron
en el paraíso
y por lo obscena
me arrojaron aquí
He de notar
que mis brazos
no amortiguaron
mi caída
puesto que hoy en día
se me deshacen
en el instante en
el que siento vértigo

1 comentario:

David dijo...

Desvirgada de muñecas.
En marca limpia presencias de ayer.
En silencios de ayer palabras de hoy.
¿Qué será mañana?
¿La maquinada por los ases de luz,
el olvido de la tormenta sobre el asfalto?
Mañana… ¿Dónde será mañana?
Entre los árboles como titiriteros,
entre las olas de aguamar,
en el laberinto circular de mi mente,
entre los ligustros floridos de mi pecho…
Ahí,
donde todo canta algo,
oír es peligro.
Suplicas de mudez por una tarde,
temor de que nadie responda.
Yo tengo
los dedos como maderas de río,
los pulmones cansados,
la sangre espesa,
escamas por uñas,
un sentido que no se duerme
con las promesas de almohadas.
Tengo una voz de tinta,
cual gotera incurable.
Ella te habla
arrullos de pluma blanca
y a tu lado camina descalza
llevando un ramo en cada mano
y un canario por cabeza.
Quizás nada alcance,
puesto que quien ha golpeado al viento con toda fuerza
lleva tatuado el invierno en la piel...
la danza estacional de las flores desnudas.

Esta es la ofrenda desaforada
del viajero desvelado.
Ah! si hablara como hablan las cosas,
si fuera yo el encantador de serpientes;
de mis labios en cruz haría del dolor la excusa perfecta para jardín musical.